sábado, 9 de abril de 2011

"Finde" marujero

Llega el esperado sábado morning. Marujeo’s time total (de ahí la facilidad que tengo en dejarlo todo para ponerme a escribir… porque m’ha dao’l punto, eah) Que va una por la casa, tralarí tralará, con la bayetita y la escobita, tralaría tralará, que si la lavadora que si el baño, tralarí tralará, deseando, y no en el fondo sino que muy, muy, muy superficialmente, poder pasar una mañana de sábado rascándome el ombligo a dos manos, tralarí tralará… Y un vecino tiene la suerte de no pasar el sábado limpiando, no. Este vecino tiene la suerte de pasar la mañana haciendo uno de los hobbys más practicados los fines de semana y a la hora de la siesta, el bricolaje.

En un primer momento mi neurona piensa… ¡qué envidia! Ya quisiera yo dedicarme a lijar las puertas en vez de estar pasando el plumero… Al cabo de un rato de ruidos varios la neurona comienza a revolverse en sí misma y de la envidia pasa a las ganas de practicar bricolaje taladrándole las meninges al vecino en cuestión.

Llega el momento del bocata del vecino, o eso me imagino dado el silencio sepulcral que se respira en toda la finca, P’allá que voy y pongo mi música. Esta vez el volumen no me importa en absoluto, tampoco es que me pase. A fin de cuentas desde el salón apenas se escucha la música que he puesto en la cocina, y eso en una finca en la que cuando el vecino estornuda tú le dices “Jesús” y él te responde que gracias, dando paso a una conversación de lo más pintoresca.

Ha debido acabarse el bocata. Me pica la vena cotilla y comienzo a desvariar. Me pregunto (y en el fondo pienso que a mí qué puñetas me importará) los motivos del bricolaje vecinal. ¿Será por afición? Mucho ruido pá estar haciendo un marquito de madera. ¿Será un arreglo? P’os mucho se les tiene que haber roto, lo digo por el ruido que está liando. Después de muchas preguntas del mismo estilo (lo que hace una por no pensar en los problemas de la vida) he llegado a la conclusión de que está construyendo dentro del piso y a escala El Escorial. No hay otra explicación posible.

Esto es horroroso. Tras largo rato, interminable rato, cae por fin el gelocata. Piensas en lo bendita que debe ser la madre del vecinito de los “güevos”… Una parte de ti está preparando el taladro para ir a hacer bricolaje con su cabeza, otra parte de ti te dice que hay que ser civilizados y te planteas ir llamando a los locales pero bueno, reaccionas y te acuerdas de cuando a ti te pega por pillar la sierra de calar y te haces unos largos con tableros. Pero no hay color, ¡que va! Cuando a MI me pega por el bricolaje, mis herramientas no hacen ruido, quizás un leve zumbido apenas perceptible. El polvo que levanto no es polvo, es una fina capa de embellecimiento total. Y las horas a las que yo bricoleo son las más normales del día, porque seguro que no hay nadie viendo la tele, o leyendo, o escuchando música, ¿y descansando? Eso menos todavía, porque yo no estoy descansando, yo estoy haciendo bricolaje y tampoco es que esté esculpiendo el David de Miguel Ángel, que es otra de las posibilidades que he pensado que puede estar haciendo el vecino.

Bueno, vuelvo al marujeo. Me voy a pasar el aspirador, que no hace nada, pero que nada de ruido, quizás un leve zumbido apenas audible…

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