¡Ja! T´has equivocao. Si no, hubiera escrito “follar (huy, perdón, hacer el amor) en el baño” No, va, venga. Esto no va de sexo, esto va de amor, De ese amor que va en mayúsculas (que ya lo podría haber escrito yo así, es verdad, pero entonces no me habría enrollado con este “entreparéntesis”) De ese amor a la familia, a los tuyos…(pío, pío, clinc, clinc) (esa tontería quiere decir como los bucólicos sonidos de pajarillos y campanillas.. Mariconadas, vaya.)
Todavía me acuerdo de mi madre dándome voces… cierra el tubo de la pasta de dientes, recoge la toalla del suelo, tira el tubo vacío del papel, no dejes abierto el bote de champú que le entra el agua, recoge la ropa… Va, miles de órdenes que sólo se cumplían muy, muy de vez en cuando. Básicamente, se cumplía con alguna de las órdenes o bien porque te daba el punto, lo hacías y casi que te sentías hasta mayor y todo. Otra de las posibilidades era que estuvieras en fase de peloteo total y absoluto con el objeto de conseguir algo. Incluso a veces se llegaba a cumplir alguna de las órdenes porque de verdad estabas convencido de que a tu madre le iba a pegar un jamacuco y le iba a explotar esa vena que se le hinchaba en el cuello y hasta, levemente, se te llegaba a pasar por la cabeza aquello de ¡pobre mujer, si no es pá tanto!
Y, de pronto, porque juro que esto sí que ha sido de pronto, te haces mayor. Y tienes tu casita, tu familia, y, no sebes muy bien cómo, pero te has convertido tú en la mamá de esa casita, las “señora” de la casa. La persona por la que preguntan los vendedores y los testigos de Jehová. ¡Alucinante! Resulta que la vida te pone a ti ante tu familia en una posición de ¿responsabilidad? Paradojas de este tipo te hacen comprender que el mundo vaya de culo, con perdón.
Y, eso. Que, de pronto, un día, te das cuenta que eres tú la que, cuando entras en el baño, después de hacer lo que todos solemos hacer en este tipo de estancias, antes de salir, pasas un ratito cerrando el bote de champú antes de abrir la ducha, recoges la toalla del suelo, tiras el tubo de papel a la papelera, colocas las cosillas en su sitio, te llevas la ropa sucia a su sitiio… Y recuerdas. Y piensas… Bah, p'os tampoco es pá tanto. Que lo hago y ya está. Que pá que voy a desgañitarme y a gritar a nadie… ¡Qué stress eso de gritar!
Si esto es como el fabuloso capítulo ese de los Simpon’s (ese en el que sale U2, por cierto) y una fabulosa canción en la que todas las miserias típicas de los hogares las hacen los basureros. Pero t´ha tocao a ti ser el basurero (técnico en tratamiento de residuos y mantenimientos varios) de tu hogar.
Para qué te vas a pasar el día gritando y protestando porque tienes que hacerlo. P’os pá eso, no lo haces y te calmas y al que le moleste, que lo haga. Pero quieres a los tuyos, y lo haces y punto, no te cuelgas medallas de todo lo que has ido haciendo o dejando de hacer. Porque yo sería de las que dejaría el tubo de pasta de dientes abierto, igual que el bote de champú, y el de gel, y el de crema… pero a nadie nos gusta verlo así. Así que, como m´ha tocao a mí ser el técnico en tratamiento de residuos y mantenimientos varios de mi hogar, voy a dejar de escribir, voy a dedicarme al tratamiento de residuos y mantenimientos varios de mi hogar, voy a ponerme la música al volumen que suelo ponerla cuando estoy sola y me acuerdo del reggetón de los vecino y, en vez de gritar, voy a ponerme a cantar. Si mañana llueve, se siente.
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