viernes, 7 de octubre de 2011

Con los malacatones y sin frugoneta


Andaba yo el otro día pachuchita, con el cuello fastidiado y cosas de esas. Tocaba hacer la compra así que, en pleno colocón de myolastán y naproxeno, me decidí a hacer la compra. Con lo malita que estaba no era cuestión de ir cogiendo peso y que, para una vez que tengo excusa para hacer la compra por Internet, que no era por pura pereza o perrería, no iba yo a callármelo.

Que no es tan fácil eso de hacer la compra con el ordenata. Primero te tienes que acordar de lo que tienes que comprar. Ya he aprendido a ir a hacer la compra con la lista pero claro, haciéndola por Internet no se me ocurrió hacerla antes. Luego tienes que escoger los productos sin verlos y teniendo en cuenta que media compra se hace porque ves la cosa que sea en el súper… pues que acordarse tiene lo suyo. Total, que fui a lo de siempre: agua, leche, pan, huevos, carne, pescado, fruta… Y en esas estaba yo, buscando a ver que fruta compraba. Me dio por comprar ciruelas, manzanas, peras y… MALACOTONES. Había una línea de melocotones a granel así que pensé (cosa poco usual en mi) pues voy a comprar unos seis melocotones y, evidente, en la casilla de cantidad puse un 6 (una, que es espabilá).

Al día siguiente, a la hora convenida, llegó la compra. Una se pone rápido a guardar las cosas congeladas, vaya a ser que los polos se derritan, y a guardar las cositas en la nevera. Teniendo en cuenta que esto ocurría a la sagrada hora de la siesta, después de guardar las cositas en la nevera, el resto decidí guardarlo algo más tarde… Cuando ya se hizo algo más tarde empecé a guardar las cosas en su sitio. En una de las idas y venidas me da por mirar el albarán. Algo llamó mi atención, noté que mi vena tacaña empezaba a inflarse de una manera poco normal. Esto es lo que leí:



Cantidad pedida/Cant.servida/         Producto                                        /Eur.

         6                       6               melocotón amarillo mini                      5,48



Volví a leer lo mismo unas trescientas veinticuatro veces. ¡¡Seis melocotones, 5,48€!! Empecé a pensar en qué había roto pero recordé que desde casa poco podía haber roto, y si lo hubiera hecho, lo roto sería mío. De reojo busqué seis arbolitos que sobresalieran de las bolsas (por ese precio, que menos que el melocotonero entero ¿no?) Decidí salir de dudas y buscar en la bolsa donde estaba la fruta los seis melocotones, pensaba que a lo mejor la piel era de oro o algo por el estilo (6 malacatones, casi mil pelas… la neurona se había quedado pillada en esa frase) Encontré una “cestita” de plástico con 6 melocotones y volví a pensar (a estas alturas, de tanto pensar, la neurona estaba empezando a echar humo) Me pareció raro que el resto de la fruta que compré a granel estaba en bolsitas de plástico y los melocotones en bandejitas. Seis malacatones, 5,48€, y sin frugoneta.

En esto que seguí sacando cosas y guardando cosas. Saco los tomates, saco las manzanas, saco la cestita con los seis melocotones de 5,48, saco los limones, saco otra cestita de seis melocotones, y otra, y otra más… así hasta seis cestitas con seis melocotones. Ya no podía seguir pensando lo de 6 malacatones, 5,48€.

Una vez comprendido el error, intenté mentalmente encontrar a quién o a qué culpar de semejante desastre.  Hice la compra por Internet, cuando lo hice estaba sola así que no podía culpar a nadie por distraerme. Tampoco estaba haciendo ninguna otra cosa como barrer o tender la ropa así que tampoco podía decir que es que siempre estoy haciendo catorce cosas a la vez. Al final encontré al culpable. Bueno, más bien a la culpable. La química, que con la tajá que llevaba del myolastán y el naproxeno no tenía yo la cabeza pa’ná…  ¿Qué no? Al menos ya puedo dormir tranquila sin sentirme culpable por meter la pata

Teniendo en cuenta que en mí casa quien más fruta come es Ojosnegros y el hámster de nombre indefinido, pues eso, que vamos a tener malacatones pa los restos, pa toa la eternidad, y hasta el infinito y más allá.

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