¡Vaya tarde qu’he pasao! Menuda tarde de flatulencias que me ha hecho pasar Ojosnegros. Que s’ha tirao toda la tarde cuesco va, cuesco viene. Y el primero, como no podía ser menos, con toda la alevosía de la que es capaz un macaco de seis años, en el ascensor y justo al entrar, cuando te queda to’l camino hasta casa y, aunque no te estás viendo, apostarías riñón y medio a que tu piel está cogiendo cierto tono verduzco. El resto de la tarde fue por el estilo. En la ducha, mientras hacíamos los deberes, durante la cena… Y va la tía, con to’l morro del mundo y me suelta que es el puré de guisantes que le da gases, ¡Bah, venga! Que si hubiese comido pollo con patatas igual la culpa era de las patatas. Pues así me ha tenido toda la tarde. Y para coronar el día llega por fin mi bendito a casa y dice: - huele a pies ¿no?
Y lo gracioso del caso es que Ojosnegros es del género cursi. Vamos que la mismísima Barbie a su lado podría pasar por una auténtica paisana típica de la América profunda algo parecida a lo que hubiera podido ser la novia de Jason (creo que así se llamaba el asesino de la matanza de Texas)
¡Y que risas que pasamos! Y, reconozcámoslo, todos tenemos nuestro puntito cochino. Quien lea esto, que ya son ganas (y, por cierto, gracias) y tenga niños pequeños, puede hacer la prueba. No hay más que decirle a un crío “caca, culo, pedo, pis” y las risas están garantizadas.
Y así nos pasamos el resto de la tarde, diciendo “palabrotas” y partiéndonos de risa prometiendo, ambas dos, que no le contaríamos a nadie las cochinadas que estábamos diciendo…
Vale, si alguien se está preguntando el motivo de semejante tontería, muy fácil. Fue lo mejor que me pasó en un lunes de caca.
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