jueves, 16 de junio de 2011

Ha llovido

Estaba cantao. Tenía que hacerlo. O me ponía a escribir como una posesa o la neurona empezaba a pegar botes por toa l’habitación. Todo tiene su explicación. Es que a mi bendito l’ha pegao un jamacuco, uno de esos males de altura, o ataque de vértigo, vaya, pá entendernos. Y, claro, aquí está el pobre tó tirao, y con lo desagradable que son los vértigos. El problema es que a la neurona l´ha dao una vená de parloteo del quince. Viéndole en semejante estado, he tenido la suficiente decencia como para preguntarle si tenía cuerpo para aguantar una de mis interminables sesiones de charloteo sin sentido. Instinto de supervivencia en estado puro es lo que ha demostrado mi bendito diciéndome que no tenía cuerpo… Que conste que no paro de preguntarme a mí misma si la lagrimilla del ojo era de pena por no poder deleitarse con un interminable monólogo repleto de sandeces o de puro desespero ante el temor a que yo no respetara su decisión y, claro, ahora tampoco es plan pá preguntárselo. Es posible que no pueda dormir ante la duda…
Por eso tenía que escribir. Quiero decir que, como mujer que soy, ya no es que esté acostumbrada a hacer varias cosas a la vez, es que, si no hago al menos dos cosas simultáneamente, parece que me falta algo. Esta noche vemos una de esas series de televisión que seguimos. No es que sea más buena que otras, pero como la vimos desde el principio… pues siguiendo la rutina. Está claro, una de las cosas que hago esta noche es… (Si esto tuviera efectos sonoros ahora se escucharía un redoble de tambor así como en plan de sorpresa, ttrtrtrtrtrrrrrrrr) ¡Ver la tele! Pero no es suficiente (chiste fácil, las mujeres siempre pidiendo más)
Ya he escrito sobre la extraordinaria capacidad de empatía que demostré hacia mi bendito así que la opción de ponerme a hablar hasta quedarme sin voz ya no la tengo entre una de mis opciones. Peor aún, él no está en condiciones más que de emitir algún que otro leve gruñido.
Vamos, que aparte de ver (es un decir) la tele, otra cosa que puedo hacer es escribir. Además, creo que está bastante claro que en estos momentos sólo hago dos cosas y no tres. Y es que, a mi me han contado que la gente cuando escribe está o copiando algo o escribiendo algo que piensa. Yo no estoy copiando nada pero la opción de pensar tampoco es algo que yo suela hacer normalmente…
Mira tú por donde, se está montando un peazo tormentón que, si estuviésemos en la Galia de Astérix y Obélix diría que el cielo está a punto de caerse sobre nuestras cabezas. Las luces de la calle se han apagado y la de casa ha hecho ya unos cuantos ademanes de irse a las antípodas. Pá ser sincera diré que tanta escandalera de truenos me está poniendo pelín nerviosa y que, a medida que voy contando y noto como se acerca esta especie de tormenta tropical o casi, casi, que huracán, lo de pelín nerviosa se va convirtiendo en bastante acojonadita (con perdón) y, lo más gracioso, es que como la niña se despierte totalmente aterrorizada por la tormenta (ya si se va la luz la pobre quedará presa del pánico) yo tendré que hacer el papel de la abuela valiente. De reojo le echo un vistazo a las velas, todo en orden. Mentalmente visualizo la linterna. Todo controlado, sé donde está. El portátil, al menos de momento, tiene batería. Compruebo que no entra agua. Apenas alguna gotita rebotada, por ahora y si esto no va a más. No quería cerrar la ventana pero… esto ya no son gotitas rebotadas. ¡Uy, que silencio con la ventana cerrada! Bueno, venga, voy a ser sincera ¡TENGO MUCHO MIEDO! ¿Por qué las tormentas dan más miedo de noche que de día?

Bueno… En fin… Esto… que ya pasó. Que ya me vale a mí con el alarmismo catastrófico. Que m´ha faltao entre poco y ná pá echarme a la calle como una auténtica posesa y gritando hasta desgañitarme ¡¡APOCALIPSIS, APOCALIPSIS!! No se ha ido la luz, tampoco se levantó la niña (ni siquiera pidiendo agua) Sí, cierto, vergonzoso. Luego voy de dura por la vida, inalterable yo y poniéndome el mundo por montera pá que luego caigan cuatro truenecitos de nada y me creo que están empezando a cumplirse todas las profecías apocalípticas que se hayan escrito durante toda la historia de la humanidad… Lo dicho, vergonzoso.
Por cierto, el ataque de vértigo, afortunadamente, pasó en un par de días. La neurona, afortunadamente, se calmó un par de días… Y fueron felices y comieron perdices. FIN

Por cierto, creo que debo aclarar que todo lo que acabo de escribir es totalmente cierto salvo dos cosillas. No comimos perdices, ni tampoco hay FIN, de momento.

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