No lo voy a jurar por Snoopy ni nada por el estilo pero de verdad, de verdad, de la
buena, que lo que voy a contar es total y rigurosamente cierto.
Queda claro que la cocina y yo somos dos elementos no demasiado compatibles. Que en mi casa, pa´comer bien, o se mete mi bendito entre fogones o, como mucho, se mata el hambre. Que a mi me sacan de cuatro cosillas (sí, cuatro, literal) y ya m´he perdío. Que si no se trata de abrir latas, bolsas, paquetes, llámalo "x" pero que se abra y ya´tá... pues eso, que yo le llamo comida a eso que hago porque algún nombre había que darle. En fin, un desastre.
Pues el otro día me pegó otro arrebato de esos que me dan en los que me creo que, porque he visto programa y medio del Arguiñano pues que ya no hay secreto que se me resista en la cocina. Así que, en un alarde de marujeo total me decido a preparar un plato de esos de los de toda la vida. Fácil, rápido, económico... Si hasta me estaba sintiendo orgullosa de mi misma. Voy a preparar ¡ARROZ A LA CUBANA! (¿por qué se llamará así?)
Yo sabía, o sé, es que ya empiezo a dudar de todo, que es una medida de arroz y el doble de agua. Total, que si somos tres, pues tres vasitos, de los de nocilla de los de toda la vida, de arroz, y un poquito más por si alguien quiere repetir (ilusa yo). Así que pongo la cantidad de agua correspondiente, seis vasitos, de lo de nocilla de toda la vida, llenos de agua, y un poquito más, vaya a ser que se quede seco.
En eso que mi bendito merodea por la cocina y comenta:
- ¿Eso no va a ser mucha agua? ¿Pero cuánto arroz vas a echar?
- No, que va. Todo controlado (ilusa yo)
A ver, malo no estaba. Si esto es como en "tomates verdes fritos", el secreto está en la salsa. Salsa que, por cierto, se acabó. Tenía su puntito y todo. Pero el arroz...
A ver, malo no estaba. Si esto es como en "tomates verdes fritos", el secreto está en la salsa. Salsa que, por cierto, se acabó. Tenía su puntito y todo. Pero el arroz...
Ni se planteó a la hora de cenar que el arroz fuese una opción, bueno, pero será porque se acabó la salsa... (ilusa yo)
Hoy tenía dos opciones. Seguir comiendo arroz durante catorce días (si, literal, 14) o hacer eso que nos han dicho nuestras madres durante toda la vida y ahora lo seguimos diciendo... "cómetelo todo que la comida no se tira"
Adivina que hice (pero sólo porque se acabó la salsa)
Y otra cosa tan cierta como todo lo anterior es que pasarán meses antes de que se me vuelva a ocurrir hacer arroz a la cubana (otro tipo de arroz ya es todo un misterio para mí) y cuando quiera volver a hacerlo haré como con la tortilla de espárragos... (llamar a mi "Arguiñano" particular)
¡Quién me mandaría a mi salirme de las fabulosas bolsitas de arroz blanco congelado!
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