Durante innumerables lustros (pá los de ESO, lustro son cinco años) me he estado preguntando por qué no soy capaz de recordar la película que vi anoche y sin embargo los anuncios se me quedan grabados como a fuego. Pues creo que hoy he encontrado una posible respuesta (eso es seguridad en mí misma, sí señor). El quid de la cuestión está en la duración, con todo lo que eso conlleva.
Honestamente yo no le puedo pedir a la neurona que concentre su atención en algo durante unos 80 ó 90 minutos como mínimo. Tras un largo proceso de investigación he llegado a la conclusión que, pasados 3 ó 4 minutos prestando atención a la tele, la neurona comienza a pegarse barrigazos y a subirse por las paredes. Eso cuando no es atacada de lleno por las temibles ondas soporíferas Zzz1 (Quien no haya entendido la última frase, que vaya leyendo chorradas anteriores que escribí en el blog y sí, esto es autopropaganda) Por eso me gustan los anuncios. Son la película ideal pá la neurona. Duran unos veinte segundos, incluso las versiones largas de algunas campañas publicitarias de extreno siguen teniendo una duración respetable, neuronalmente hablando. Total, que con los veinte segunditos que duran de media, más el minuto y medio (aprox.) que suele pegarse la neurona desmenuzando lo que ha visto, sigue dentro del “Tiempo Máximo de Concentración Neuronal” ó TMCN como solemos llamarlo en el entorno neurológico…
La mayoría de los anuncios siguen los mismos patrones según el producto que quieren vender aunque, de vez en cuando, alguien se estruja un poco la sesera y aparece algo innovador. Y reconozco que, en el fondo, me gustan todos.
Me sigue llamando la atención la ingenuidad que llegamos a tener los humanos. Ejemplo, los anuncios de cremas y potingues varios pá la cara. No, por mucha crema antiarrugas que nos queramos untar JAMÁS tendremos la piel como la adolescente maquillada de veintimuchos que anuncia la crema pá las de treintatantosdemuchos, cuarenteañeras o cincuenteras que van a comprarla (las que ya cumplieron 60 o se dieron por vencidas o descubrieron la verdad) Que ya te puedes echar catorce capas de máscara de pestañas ultravolumen y extraalargamiento que tus ojos ni se van a agrandar ni se van a volver azules y, como te pases un poco y lleves gafas… acabarán pareciendo gafas de sol pero con el polarizado por dentro.
También hay anuncios de cosmética que consiguen el efecto contrario. M’explico. Si vas a anunciar una súper mascarilla pa’l pelo que arregla pelos tan castigaos que parece que han pasao por todas las peleas de los VI Rockys… no pongas en el anuncio a la misma tía que lleva ni se sabe cuánto tiempo anunciando las maravillas de tus productos. Es que yo, lo primero que pensé es cómo narices se habrá estropeado el pelo la tía esta si lleva tanto tiempo usando estos productos tan fabulosos. Aquí algo falla. O los champuses que decía que eran tan maravillosos son una auténtica porquería o la mascarilla súper fabulosa que lo arregla todo no es más que un suavizante concentrao…
Y dentro de lo que son los anuncios de cosmética y cosas de esas, mención aparte a los anuncios de colonias y perfumes. Pero no voy a escribir ahora de eso, más que nada porque no es el momento. Todos sabemos que la temporada de anuncios de colonias es la navidad. Ahora, con estos calores, es temporada de anuncios de cervezas (y ahora vuelvo a hacerme propaganda porque ya escribí algo, y habrá más, seguro)
Hay campañas que, aunque sólo sea por lo originales que son, ya se merecen que compres el producto o, al menos, que lo conozcas. Me encantan los anuncios de MiXta. Todavía no he sido capaz de saber si quien se inventa estos anuncios es un genio o un valiente, porque hay que tenerlos muy bien puestos para hacer un anuncio sacando una ardilla disecada pidiendo a gritos que le rasquen la espalda o a tres rusos bailando y cantando que los chalecos vienen de chalecoslovaquia. Me quedo con que es un genio, el amo de los creadores.
También hay campañas publicitarias muy sociales, aparte de los de ONGs. Mira, por ejemplo, los de aquiarius. Han conseguido que si uno tiene un nombre raro, de esos raros de verdad, no sólo no se sienta acomplejado sino que se sienta orgulloso de llamarse Floripondio o algo por el estilo. ¡Olé! Eso sí que es una auténtica campaña de sensibilización social y no lo de médicos sin fronteras.
Bueno, que por último iba yo a enredarme con los anuncios de detergentes, pero es un tema demasiado personal. Es algo que lleva toda mi vida peleándose con la neurona. Son tantas y tantas cosas las que me vienen a la cabeza cuando pienso en los anuncios de detergentes que la neurona necesita cierto tiempo pá ordenar las ideas. Así que, hasta pronto, espero. Y si es así, gracias.
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