Yo desvarío, y lo se. Pero es que además creo que todo el mundo desvaría. Porque a todos nos ha pasado eso de estar hablando y de pronto decir aquello de ¿de qué estábamos hablando? o ¿a qué venía esto? Y qué decir de cuando uno se levanta a por algo y cuando se llega a donde uno iba… ¿a qué venía yo aquí? Lo que pasa que yo, en mi afán de ir conociéndome cada día mejor (ver “nanc”) pues lo reconozco. Y esto viene a que yo he “cogío l’ordenata” porque iba a escribir y se “m´ha” ido de la olla. Y si en la variación está el gusto, en la desvariación está el disgusto. El disgusto que te llevas cuando no consigues volver a lo que estabas
Nanc (nota de la autora, ni caso): eso demuestra la inmensa capacidad que tengo para perder el tiempo, que después de más de 45 años me conozco menos de lo que pueda conocer un pingüino a un dromedario
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