sábado, 3 de septiembre de 2011

Noticias


Llegados a cierta edad, es el momento en que, precisamente la edad, se convierte en algo cada vez más incierto. Además tenemos otros muchos síntomas. Durante décadas nos hemos agarrado tanto a nuestro complejo de Peter Pan que lo hemos convertido en nuestra forma de vida. Pero el tiempo pasa, vamos cambiando y, aunque creamos que no, tenemos cantidad de “detallitossinimportancia” que delatan nuestra incierta edad. Algunos de esos detallitos son evidentes, las arrugas, las canas, las lorzas... Pero lo peor son los detallitos que no vemos, los que hacemos. Que sí, que aunque lo queramos negar o justifiquemos nuestro actos con una lógica aplastante, empezamos a hacer “cosas de viejos” (que esa es la frase que hemos dicho durante nuestra extensísima juventud.



Una de las cosas que me ha hecho empezar a ser consciente de mi incierta edad es mi actitud ante el telediario. Porque todos llevamos toda la vida viendo el telediario pero lo que dos interesa de él va cambiando según la edad. Cuando éramos niños veíamos las noticias por decreto. No había ni democracia, ni canales, ni más de una tele por familia (y una en el mejor de los casos) Llegado el momento, tus padres ponían el telediario y que ni se te ocurriera abrir la boca. Tú te pasabas media hora pensando que qué les importaría a los mayores que inauguraran un pantano, que los israelíes se estuvieran dando de leche con los  palestinos, que la bolsa bajase o que el barril de petróleo subiese. Además, te lo tenías que tragar sí o sí porque después empezaban o los dibujos o la peli y había que pillar sitio en la sala (era lo que tenía ser mogollón de hermanos) ¡Qué aburridos eran los mayores! ¿Y por qué te mandan callar cuando hablan del tiempo? Que se asomen a la ventana y miren si llueve, y mañana, ya veremos.

Tras una eternidad aguantando tantos telediarios, de pronto te das cuenta que empiezas a quedarte pendiente de algunas noticias, básicamente los desastres, es como ver la peli de terremoto pero en formato noticias. Te enteras de que hay terremotos, incendios, tornados… Y si en el cole te mandan a postulas por el terremoto de Nicaragua, pues paseito que te pegas agitando la hucha p’arriba y p’abajo.

Después se pasa a una fase en la que de cada vez te vas quedando más con el rollo. Vas conociendo los nombres de los políticos, de los ministros, Te vas enterando de conflictos, reconoces los nombres de políticos internacionales e incluso sus tendencias políticas. No es que interese demasiado, es más una cuestión de cultura general. Teniendo en cuenta que empiezas a pasar todo el rato posible con los colegas, de garito en garito y hablando hasta perder totalmente la voz, no te apetece quedar como un auténtico pardillo cuanto se debaten ciertos temas de actualidad así que te planteas el telediario casi como si fuera otro de los deberes que te mandan.

Llega un momento en la vida que, por fin, el mando de la tele está en tus manos. Eres consciente de que hay que ver las noticias y no sólo esperando ver si sale tu barrio y alguien que conoces. Estás pendientes de las noticias. No es que te vayan a quitar el sueño pero quieres enterarte de lo que va pasando por el mundo, aunque sea más allá de tu barrio.  Tienes el mando, varios canales para elegir e incluso alguno tiene el detalle no poner telediario, pero tú pillas el mando y te cascas el telediario, aunque no tienes muy claro por qué lo haces.

Pero ahí no queda la cosa. Pasan los años y te sorprendes dándote prisa porque va a empezar el telediario. Ahora eres tú quien manda callar hasta a la mosca cojonera que pretende fastidiarte las noticias. No solo te interesa lo que dicen, es que cada noticia es susceptible de des debatida durante un tiempo indeterminado y, casi creo que es lo peor, te preocupan.

A esta incierta edad estoy en el punto en el que hago lo posible por ver el telediario, si me resulta totalmente imposible al menos procuro echar un vistazo a algún periódico, aunque sea sólo a los titulares. Y no solo es que me interesan las noticias, es que además me preocupan y pienso en las consecuencias de las cosas que ocurren, en como pueden afectarnos… vaya, un agobio.  Y no es que me interese un tema no, es que me quedo pendiente de tó. ¡Hasta me interesa el debate sobre el estado de la nación! Incluso he llegado a reírme con algún que otro discurso político (pero porque han dicho algo simpático) Vamos, que estoy llegando a límites insospechados en el mundo de las noticias.

Y no es justo. Una cosa es aceptar las canas, las arrugas, las lorzas… y otra muy distinta es que los años se estén cargando el complejo de peter pan y que me intentes extraditar de los mundos de Yupi. 

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